Mira y vivirás

Mira y vivirás

Juan 3:9-21

«Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede ser esto? 

Jesús respondió y le dijo: Tú eres maestro de Israel, ¿y no entiendes estas cosas? 

En verdad, en verdad te digo que hablamos lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no recibís nuestro testimonio. 

Si os he hablado de las cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las celestiales? 

Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo. 

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre, 

para que todo aquel que cree, tenga en El vida eterna. 

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénitob, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. 

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El. 

El que cree en El no es condenadoa; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 

Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas. 

Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas. 

Pero el que practica la verdad viene a la luz, para que sus acciones sean manifestadas que han sido hechas en Dios.»

«Necesitamos dar testimonio de lo que vemos y sabemos en Dios».

https://www.facebook.com/tiemposdefe/videos/244706780023104/

Los cristianos tenemos que abrir nuestra boca, no para enjuiciar en este tiempo, sino para orar por otros. Tenemos que abrir la boca los cristianos para poder dar paz, esa paz que Dios nos da y poder compartirla con otros.

«Necesitamos dar testimonio de lo vemos y sabemos en Dios.»

Pastor Ricardo Díaz

«Información Adversa»

Nehemías 1:2-6

“vino Hananí, uno de mis hermanos, con algunos hombres de Judá, y les pregunté por los judíos, los que habían escapado y habían sobrevivido a la cautividad, y por Jerusalén. 

Y me dijeron: El remanente, los que sobrevivieron a la cautividad allí en la provincia, están en gran aflicción y oprobio, y la muralla de Jerusalén está derribada y sus puertas quemadas a fuego. 

Y cuando oí estas palabras, me senté y lloré, e hice duelo algunos días, y estuve ayunando y orando delante del Dios del cielo. 

Y dije: Te ruego, oh Señor, Dios del cielo, el grande y temible Dios, que guarda el pacto y la misericordia para con aquellos que le aman y guardan sus mandamientos, 

que estén atentos tus oídos y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que yo hago ahora delante de ti día y noche por los hijos de Israel tus siervos, confesando los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado.”